Cuátas veces he nadado en ese mar nocturno, me he perdido en ese cielo azul, llevado por los efluvios del alocohol, por la esperanza de encontrarla otra vez.
Arriba y abajo, sin tregua. Por Hydra, Perseo, Andrómeda... y abajo, hasta llegar a Casiopea. La primera estrella a la derecha y después todo recto, hasta la mañana. y otras muchas. Y a todas les preguntaba:
"¿La habeis visto? Por favor...He perdido a mi estrella. Mi isla, que no existe. ¿Dónde estará ahora? ¿Qué estará haciendo? ¿Con quién?"
Y a mi alrededor, ese silencio de esas estrellas entrometidas. El ruido molesto de mis lágrimas agotadas.
Y yo, estúpido, buscando y esperando encontrar una respuesta.
"Dadme un por qué, un simple por qué, cualquien por qué..."
Pero qué idiota. Ya se sabe.
Cuando un amor se acaba, se puede encontrar todo, excepto un porqué
[...]
Siempre tengo ganas de ti.
Tengo ganas de ti.
Por todo lo que he imaginado, soñado, besado.
Tengo ganas de ti.
Por todo lo que sé y aún más por lo que no sé.
Tengo ganas de ti.
Por ese beso que no te he dado.
Tengo ganas de ti.
Por el amor que nunca te he hecho.
Tengo ganas de ti aunque nunca te he probado.
Tengo ganas de ti entero.
De tus errores, de tus éxitos, de tus equivocaciones, de tus dolores, de tus simples incertidumbres, de los pensamientos que has tenido y de los que espero que hayas olvidado, de los pensamientos que aún no tienes.
Tengo ganas de ti.
Tengo tantas ganas de ti que nada me basta,
Tengo ganas de tu y no se siquiera por qué.
Uf. Tengo ganas de ti.
De Federicco Moccia.
Nameless Cat*
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